domingo 22 de noviembre de 2009

Entrevista a Santiago Posteguillo por la trilogía de Publio Cornelio Escipión, el Africano

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Entrevista - por Pilar Alonso


Con el último título de esta trilogía, La traición de Roma, Santiago Posteguillo ha vendido 40.000 ejemplares en su primera semana en librerías, todo un récord para una de las sagas históricas más espectaculares de los últimos años.

Santiago estuvo en Barcelona presentando su último libro y nos recibió en su hotel para contestar esta entrevista, todo un lujo y un placer. No sólo es un excelente escritor, también es un magnífico conversador.


- ¿Por qué elegiste a Escipión el Africano como protagonista de tus novelas?

Cuando buscaba un personaje para novelar surgió el nombre de Aníbal, y yo sabía que alguien le había derrotado aunque no exactamente quién. Y allí, como en una esquina, aparecía el nombre de Publio Cornelio Escipión. Me pregunté si es que Aníbal había tenido un mal día o si es que Escipión fue un adversario digno de tenerse en cuenta. Me puse a investigar un poco más antes de continuar con mi búsqueda, porque de Aníbal ya se había escrito mucho y no quería repetir. Y cuanto más buscaba más me atraía el personaje, hasta que me decidí.



- Africanus, el hijo del cónsul, fue tu primera novela y la primera entrega de la trilogía. ¿No te daba miedo en tu primera incursión en la literatura optar por un proyecto tan ambicioso?

Al principio no te planteas escribir una trilogía, quieres contar algo y pasártelo bien. Empecé con la primera, llegué a 500 páginas y Escipión tenía 17 años. Pensé: “esto no lo va a publicar nadie”. Era un proyecto muy grande. Antes de continuar con él decidí probar a ver si podía publicar la primera parte y después de un montón de respuestas negativas, una editorial pequeña decidió arriesgarse. Poco después Ediciones B se puso en contacto conmigo para decirme que estaban también interesados y firmamos para una segunda novela.



- A la hora de hablar de los mejores estrategas de la Historia Antigua siempre se han barajado tres nombres: Alejandro Magno, Aníbal y Julio César. ¿Crees que Escipión debería formar parte de esa lista?

Yo creo que sí. Y ese es otro motivo más que justifica la elección de Escipión, un personaje casi desconocido.



- A partir del segundo libro, las mujeres adquieren mayor relevancia en la trama. ¿A qué se debió ese cambio?

De hecho, una compañera del Departamento, tras leerse la primera novela, me llamó la atención sobre ese asunto, me comentó que las mujeres tenían un papel demasiado secundario en la trama y eso me hizo darme cuenta de que quizás había descuidado un poco ese aspecto. Así descubrí a Sofonisba, por ejemplo, un personaje magnífico de Las legiones malditas. Y en la tercera parte le otorgué un protagonismo especial a la hija pequeña de Escipión: Cornelia la Menor.



- En tu tercera entrega introduces un elemento nuevo: las supuestas Memorias de Publio Cornelio Escipión. ¿Por qué no utilizaste antes ese recurso?

Se sabe que escribió unas Memorias, que no nos han llegado, y se supone que se escribieron en griego, en dialecto dórico concretamente. Cuando me enfrenté a la tercera novela no sabía muy bien cómo afrontarla, me apetecía aventurarme en algo un poco diferente. Y además, después de 1600 páginas, Escipión quería hablar, y en primera persona, sin necesidad del narrador. Introduje algunas pinceladas al principio de cada capítulo, como en unas Memorias, y me gustó el efecto.



- La saga está repleta de momentos fascinantes. ¿Tienes alguna escena o pasaje favorito, con el que disfrutaras especialmente a la hora de escribir?

En las tres novelas hay escenas que por un motivo u otro me han emocionado, al menos diez o doce me parecen especiales. La primera de ellas fue la muerte de Cneo Cornelio Escipión, el tío de el Africanus, un personaje muy entrañable que había tenido una relación muy íntima con Publio. Su muerte es muy épica, hermosa, él solo frente al enemigo, que no puede evitar admirar su valor, y a lo lejos sus propios soldados, viéndole morir.

Ya en la tercera parte, me gusta mucho cuando Escipión se encuentra por primera vez con su hija pequeña, Cornelia, que tiene tres años y se esconde detrás de la hermana mayor.

Y le tengo cariño a la escena del epílogo de esa misma novela, cuando se incendia la Biblioteca de Alejandría, porque es un pequeño homenaje a una de mis novelas favoritas: El nombre de la Rosa.

Y por supuesto a las escenas de las muertes tanto de Escipión como de Aníbal, que son muy diferentes. Aunque la de Aníbal es más épica, escribí ambas con mucha emoción.



- Después de años de convivir y trabajar con tantos y tan variados personajes, ¿llegaste a tomarle especial cariño a alguno de ellos?

A todos, pero tal vez un poco más a Plauto, el autor de teatro, porque me he identificado más con él y he compartido el sufrimiento de ser un escritor reconocido.

Y ese reconocimiento tiene su premio en mensajes como el que me hizo llegar un adolescente, que decía: “Tengo 15 años y odiaba leer. Desde que he leído tus novelas, leo un montón”. Nada puede satisfacer más a un escritor.
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- Primero Fabio Máximo y luego Catón parecen obsesionados con la idea de que Escipión pretendía convertirse en Rey y acabar con la República. Ambos hacen el papel de malos en la trama pero ¿realmente eran tan malvados como aparecen en tus libros?

He recibido algún comentario en ese sentido, pero lo cierto es que necesitaba un oponente total. No niego que Fabio Máximo fue un gran estadista, un gran político y un gran orador, pero en la conquista de Tarento le ayudan desde dentro para que tome la ciudad y una vez conseguido hace matar a los que le ayudaron, con la esperanza de que no se sepa, para que la victoria se considere sólo suya. Y eso no me parece una actitud muy gloriosa ni de ser buena persona.

En cuanto a Catón, está documentado que llevó a juicio a los Escipiones, que tampoco eran unos santos, en multitud de ocasiones y que, como digo en la Nota histórica del libro, al final de su vida traicionó muchas de las creencias por las que había luchado.



- Las vidas de Escipión y Aníbal parecen íntimamente ligadas por el destino en tus novelas. ¿Eso fue realmente así o forma parte de la ficción?

Es así, eso es totalmente histórico. Ambos fueron importantes generales, ambos obligados a exiliarse, y murieron muy próximos en el tiempo. Y para mayor carga épica, de ninguno de los dos se conoce la ubicación exacta de su tumba.



- Una curiosidad. En varias ocasiones, ante la llegada de un hijo, el pater familias debía realizar el ritual de aceptar al recién nacido en la familia. En todos los casos que aparecen en la saga, la aceptación se lleva a cabo. Pero ¿por qué motivos podía rechazarse a un niño y qué sucedía con aquellos vástagos que no eran reconocidos por sus padres o eran repudiados por éstos?

Lo cierto es que el rechazo no era la norma habitual. Pero un niño podía ser rechazado por malformaciones físicas, por ser hembra o porque el padre no lo reconociera como propio. En esos casos, se le podía dar muerte o podía ser abandonado.



- ¿Se ha llegado a plantear la posibilidad de llevar tus novelas a la gran pantalla?

Aún no, y ése es un largo proceso. Pero si alguien se interesara, tendría que ser un proyecto que me convenciera y que reflejara el espíritu de mis novelas.



- Digamos que algún lector quiere continuar con la historia, con lo que sucedió tras las muertes de Escipión y de Aníbal. ¿Qué lecturas recomendarías?

Hay bastantes cosas escritas pero, si tuviera que elegir, yo seguiría con Numancia, de Jose Luis Corral. Es otro estilo de novela, pero encaja con la época inmediatamente posterior, con Escipión Emiliano como protagonista.

Seguiría con la saga de Roma de Colleen McCullough. Luego con Robert Graves y con Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz.



- Has dedicado más de seis años a este proyecto, ¿ahora qué?

Ahora estoy buscando otro personaje para novelar, también alguien que no sea demasiado conocido, aunque de momento no puedo adelantar nada.
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lunes 16 de noviembre de 2009

La traición de Roma - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Octubre 2009
Género: Novela histórica
871 páginas



Publio Cornelio Escipión ha conseguido derrotar a Aníbal y finalizar así la tarea que iniciaron su padre y su tío.

Alejada ya la amenaza de Cartago, los ojos de Roma se vuelven hacia Asia, donde Antíoco III de Siria pretende recomponer el gran imperio que conquistara en su día Alejandro Magno. Pero, para hacerlo, se ha enfrentado a ciudades aliadas de Roma, Pérgamo entre ellas. Y Aníbal parece formar parte del inmenso ejército del rey sirio.

Publio Cornelio volverá a los campos de batalla, esta vez como asesor de su hermano Lucio, ahora cónsul de Roma. Y de nuevo con tropas escasas.

En la ciudad de Roma, Marco Porcio Catón ha sucedido en su campaña contra los Escipiones al fallecido Fabio Máximo, y lo ha hecho con el mismo ímpetu y rigor. No dudará en someter a juicio al mismo Publio Cornelio con tal de restarle influencia entre los ciudadanos de Roma.

Y Publio Cornelio deberá luchar en esta ocasión en una guerra en la que las palabras sustituyen a las espadas.
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La traición de Roma cierra la trilogía sobre Publio Cornelio Escipión. Con Cartago derrotada, de repente el mundo parece abrirse ante nuestros ojos. Ya no nos encontramos en la parte occidental del Mediterráneo, ahora la acción se desarrolla también en la parte oriental y esos nuevos escenarios serán testigos de las nuevas hazañas del protagonista. Aníbal no ha desaparecido, continúa en escena, al igual que Catón, que sigue con sus maquinaciones para desprestigiar a Escipión, y sobre ese planteamiento se desarrollarán los últimos años del general.

La estructura de esta novela difiere un poco de las anteriores. Ahora nos encontramos también con fragmentos de las Memorias de Escipión. Como reconoce el mismo autor, se sabe que dichas memorias fueron escritas, aunque no hayan llegado a nuestros días. Con el rigor que le caracteriza, Santiago Posteguillo las ha recreado como él supone que debieron ser, y el resultado es más que aceptable.

En este libro, el Publio Cornelio que tenemos ante nosotros ha variado un poco con respecto a los dos anteriores. Su éxito en las distintas campañas parecen haberle henchido de vanidad y su actuación no siempre resulta del agrado del lector. Su intransigencia y su exceso de orgullo son bazas que juegan en su contra y que al final terminarán pasándole factura.

Esta novela incide más en la parte que se desarrolla en Roma y que resulta tan interesante como la que acontece en los campos de batalla o en las cortes extranjeras. El autor vuelve a demostrar el ímprobo trabajo de documentación llevado a cabo para este proyecto y vuelve a rellenar los huecos con hechos que bien pudieron haberse desarrollado justo así.

Sigue habiendo momentos emotivos, tensos, dramáticos, sugerentes y épicos, una combinación que obtiene resultados excelentes. Y vuelve a ser una de esas novelas que es casi imposible abandonar hasta el final, un final que no por sabido es previsible.

La traición de Roma culmina un trabajo de más de seis años y para el lector, para mí al menos, deja un hueco que va ser muy difícil de llenar. Me he despedido de unos personajes que me han acompañado durante más de 2.300 páginas, de cuyas vidas y aventuras me he empapado hasta altas horas de la madrugada y que luego han poblado mis sueños. Sin duda ha sido una triste despedida.
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jueves 12 de noviembre de 2009

Las legiones malditas - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso

Ediciones B, Julio 2009
Género: Novela histórica
860 páginas



Publio Cornelio Escipión ha logrado una gran victoria en Hispania pero no ha conseguido vencer a Aníbal, que continúa en el sur de Italia aguardando su oportunidad.

El joven general, ahora convertido en cónsul, solicitará legiones al Senado para enfrentarse al cartaginés. Pero en el corazón de Roma sus enemigos continúan siendo poderosos y harán lo posible para frustrar los planes de Publio Cornelio.

De ese modo sólo se le asignarán dos legiones, las llamadas legiones malditas, desterradas en Sicilia desde la derrota de Cannae, más de siete años atrás. Con esas tropas desentrenadas, decepcionadas y mal pertrechadas, deberá llevar a cabo sus planes.

Sus enemigos, Fabio Máximo y Catón, esperan deshacerse de ese modo del general, demasiado ambicioso para su gusto. No cuentan con que el Africanus está hecho de una pasta especial.
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Como ya aconteciera con su anterior novela, en Las legiones malditas Santiago Posteguillo vuelve a demostrar su gran calidad narrativa. En esta ocasión tal vez la novela adolezca de algunos fallos por falta de una buena revisión, pero es un mal menor para un libro que en todo lo demás vuelve a estar a la altura de los mejores.

En esta entrega los personajes femeninos disfrutan de mayor protagonismo, a diferencia del libro anterior, y ese protagonismo se refleja en una serie de historias de componente algo más sentimental que, lejos de malograr el conjunto, lo dotan de un realismo aún mayor.

El personaje de Publio Cornelio vuelve a acaparar casi toda la atención, sin olvidar nunca a sus enemigos Fabio Máximo y Catón en la misma Roma, o a Aníbal, que continúa su campaña en la península itálica.

El gran general romano no debía enfrentarse sólo al peligro que suponían las tropas cartaginesas, sus mayores rivales se encontraban en el interior de su misma ciudad. Y es que el autor no sólo nos brinda la posibilidad de asistir como espectadores privilegiados al desarrollo de sus campañas, también nos ofrece una visión pormenorizada de lo que sucedía en la misma Roma, en especial en el Senado, donde los políticos se enfrentaban a diario con los miembros afectos a los Escipiones, convencidos de que demasiado poder en un sólo hombre podía desestabilizar la República tal y como la conocían.

Aún habría que esperar mucho para que esa República se convirtiera en Imperio, pero es cierto que muchos veían a Publio Cornelio Escipión como una amenaza, y tal vez no sin motivos. A las victorias y al buen hacer de Escipión se contraponen las maquinaciones de sus enemigos, los “malos de la película”. Es evidente que el autor ha cargado un poco las tintas a la hora de desarrollar los personajes que se oponen al protagonista, pero también es cierto que los datos históricos se prestan a ello y que necesitaba antagonistas de peso para equilibrar la trama.

La novela vuelve a recrear la vida cotidiana en Roma, las sesiones del Senado, las obras de teatro de Plauto y sobre todo los campos de batalla. Hay momentos de gran tensión dramática, momentos emotivos y momentos que invitan a la reflexión, sin olvidar aquellos otros de gran contenido épico, que son los que sustentan el alma a la novela.

De nuevo, una obra impresionante, bien planteada y escrita, tan interesante y tan absorbente que resulta en extremo difícil sustraerse a su influjo.
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sábado 7 de noviembre de 2009

Africanus, el hijo del cónsul - Santiago Posteguillo

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en http://www.ciberanika.com/

Ediciones B, Octubre 2008
Género: Novela histórica
716 páginas



Roma, año 235 a.C. El cónsul Publio Cornelio Escipión está a punto de ser padre de un hijo que llevará su nombre y que pasará a la historia como el Africanus.

Mientras eso sucede, Macedonia y Cartago se han aliado para enfrentarse a Roma y en Hispania desembarcarán las tropas de Amílcar Barca para iniciar su conquista.

Publio Cornelio Escipión padre y su hermano Cneo deberán ocuparse de la educación del primogénito de la familia, hasta que ellos mismos deban desplazarse a Hispania a enfrentarse con Aníbal, que ha sucedido a su padre Amílcar.

A los diecisiete años, Publio Cornelio Escipión hijo se unirá a las tropas de su padre en Hispania, e iniciará así una carrera militar llena de desafíos y obstáculos, mientras en Roma el senador Quinto Fabio Máximo trata de minar la ascendente trayectoria de sus enemigos, los Escipiones.

El Africanus luchará en Tesino, Trebia, Trasimeno o Cannae, donde Aníbal se mostrará como un formidable enemigo.

Nuevamente en Hispania, Publio hijo deberá demostrar su valía.
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Sumergirse en esta novela es retroceder al pasado de un plumazo. Este comentario, que puede parecer obvio, no se cumple siempre que nos encontramos ante una novela histórica. El autor ha de saber conjugar muy bien los datos históricos y la ficción para crear una trama atractiva, debe dominar la tensión narrativa, debe rodear todo el conjunto de una ambientación exquisita y dotar de vida propia a sus personajes. Y eso es justamente lo que ha conseguido Santiago Posteguillo con su primera novela publicada.

Así, casi sin quererlo, me vi transportada al siglo III a.C., cuando Aníbal, general de Cartago, había invadido Hispania y avanzaba con sus tropas por Europa en dirección a la todopoderosa Roma.

Y mientras la amenaza se cernía sobre la ciudad del Tíber, crecía el que sería llamado a derrotarle: Publio Cornelio Escipión, el Africano. Esta novela, la primera de una trilogía, narra los primeros años del joven, y las vidas de su padre y su tío, ambos derrotados por las tropas del cartaginés.

No importa que esos sean hechos más o menos conocidos, el autor los ha recreado con maestría, llenando los huecos históricos con una ficción más que plausible, planteada con esmero, sin fisuras, en la línea de lo que sucedía en aquellos tiempos. Por ello, pese a ser conscientes de que algunos episodios que aparecen en el libro puede no ser reales, resultan totalmente creíbles y ése es un gran logro para una novela de este género, donde a veces los autores tienden a trasladar, no siempre de forma consciente, situaciones o comportamientos actuales que, extrapolados a otro momento histórico, chirrían.

La novela tiene una estructura cómoda, capítulos cortos que se suceden en distintos escenarios, un glosario al final para consultar algunos datos y diagramas que ilustran la situación de las tropas en las distintas batallas. Porque las batallas son quizá en lo que más incide Santiago Posteguillo, y lo hace de forma que el lector puede recorrer las distintas tropas, ya sea en un frente o en el otro, con una narración fluida y con la suficiente claridad como para que resulte sencillo imaginar el escenario.

Africanus, el hijo del cónsul es una novela histórica magnífica, digna de figurar en las bibliotecas más exigentes. Rigor histórico, buena prosa, cuidada ambientación, maravillosos personajes... pocos fallos se le pueden encontrar a una de las mejores novelas de los últimos años.
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sábado 31 de octubre de 2009

El resucitador - James McGee

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Reseña - por Pilar Alonso


Editorial Bóveda, 2009
Género: Novela histórica
504 páginas


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En los primeros años del siglo XIX pululan por Londres varios grupos dedicados al robo de cadáveres para cubrir las necesidades de las escuelas de medicina. Mathew Hawkwood, antiguo soldado y ahora un runner de Bow Street, es designado para llevar el caso.

Al mismo tiempo, desaparece de un manicomio un coronel cirujano del ejército, y para hacerlo ha recurrido al asesinato. Hawkwood también deberá encargarse de ese asunto, sin saber que ambos están relacionados.


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Es difícil tratar de imaginar el trabajo de los médicos en la primera mitad del siglo XIX, cuando aún se ignoraban tantas y tantas cosas sobre el funcionamiento del cuerpo humano. Muchos adelantos se debieron a la oportunidad que tuvieron muchos de ellos de trabajar con cadáveres, en ocasiones en la clandestinidad hasta la Ley de Anatomía de 1832. Y ese tema es el que subyace bajo la trama de El Resucitador, novela en la que un grupo de ladrones de cadáveres suministran material a las distintas escuelas de medicina de Londres.

Pero la novela va mucho más allá de la simple anécdota y muestra un aspecto aún más sórdido en el ya de por sí morboso asunto. Cómo esos ladrones arrancaban los dientes a los muertos y los vendían a los dentistas, que luego éstos colocaban en las bocas de ciudadanos pudientes, o cómo los restos de los cuerpos eran hervidos para fabricar velas y jabón.

Todo eso, que parece sacado de cualquier película de terror, no es producto de la desbordante imaginación del autor, como él mismo reconoce al final del libro, donde incluso nombra algunas obras que ha consultado para esta novela.

Como siempre, los ricos escapaban a este tipo de prácticas. Ellos podían pagarse mausoleos, lápidas de piedra y rejas metálicas para resguardar su lugar de descanso. Los pobres debían conformarse con, en el mejor de los casos, un ataúd de madera mala y un entierro a pocos palmos del suelo, lo que favorecía mucho la tarea de los ladrones.

El autor ha sabido plasmar con acierto todo ese entramado y el mercado existente para dichas mercancías. Pero además ha sabido trasladarnos a un Londres muy alejado de la imagen glamourosa de los poderosos, creando una atmósfera lúgubre y maloliente, repleta de malhechores y tabernas, de callejones e inmundicia.

Y en medio de todo ello, la historia de un coronel del ejército, cirujano de profesión, que ha huido de un manicomio y de su perseguidor, Hawkwood, un runner de Bow Street, el cuerpo de policía que daría origen a Scotland Yard. Mientras Hawkwood persigue a su asesino se adentrará en el submundo más mórbido de la ciudad, y descubrirá más de lo que nunca hubiese deseado saber.

La novela contiene algunos detalles sobre la medicina de la época de lo más interesantes, especialmente una operación de cálculos en la vejiga que tiene lugar en un aula repleta de estudiantes y que ilustra a la perfección el modo en el que tanto cirujanos como pacientes debían enfrentarse, con los escasos medios de los que disponían, a operaciones que hoy resultan casi banales.

La novela tiene ritmo, buenos personajes, un argumento atractivo y una atmósfera bien definida. Necesitaría, no obstante, una revisión. En ocasiones no existe separación alguna entre escenas y hay algunas erratas. Y, no sé si por obra del autor o del traductor, hay varias expresiones modernas que, además de ser incongruentes, restan autenticidad a una obra que, por lo demás, está bien ambientada y concebida.
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jueves 22 de octubre de 2009

El parche de la princesa de Éboli - María Pilar Queralt del Hierro

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Reseña - por Pilar Alonso. Publicada originalmente en www.ciberanika.com


Editorial Styria, Abril 2009
Género: Anécdotas históricas
239 páginas



A lo largo de su dilatada carrera profesional, María Pilar Queralt del Hierro ha podido acceder a multitud de anécdotas históricas que ahora se han unido en un solo volumen, para gran regocijo de sus lectores y de todos los aficionados al género.

Las anécdotas históricas son siempre un buen reclamo. Breves, concisas y la mayoría de las veces suculentas, sirven de aproximación a un sinfín de situaciones y personajes históricos, narrando esos sucesos divertidos, entrañables o macabros que jalonan nuestro pasado.

La autora ha hecho una selección variada y sumamente interesante, comenzando por el Antiguo Egipto, donde podemos descubrir, por ejemplo, cómo se financió la pirámide de Keops, y sigue con Grecia, Roma y la Edad Media para finalizar con una serie dividida por temas: reyes, cine, música, ciencia...

Todas ellas tienen la extensión justa para presentar la anécdota en cuestión y es inevitable que de algunas queramos conocer un poco más, con lo que el libro no sólo cumple la función de entretener al lector, sino que le abre el apetito de indagar sobre muchas cuestiones que aparecen en él.

El parche de la princesa de Éboli es de lectura ágil, no recomendable para leerse de un tirón, variado y sugerente. Es uno de esos libros que deben paladearse a pequeños sorbos, aunque casi siempre sepan a poco.
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viernes 16 de octubre de 2009

Matar por amor

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Apuntes - por Pilar Alonso


Dicen que no hay fuerza más poderosa que el amor y ya hubo en la Antigua Grecia quien así supo entenderlo. La homosexualidad era entonces, allá por el siglo IV a.C., algo comúnmente aceptado. Y el comandante tebano Górgidas lo aprovechó para crear el que se conoce como Batallón Sagrado.

Tebas era una ciudad importante, la más grande de la región de Beocia. Y al igual que Atenas y Esparta, también disfrutó de su época de gloria, sobre todo en época de Epaminondas, un general y político del siglo IV a. C.

Górgidas, compañero de Epaminondas, fue quien tuvo la idea de crear un batallón formado por 150 parejas, cada una de las cuales estaba compuesta por un miembro de mayor edad (heniochoi- conductor) y uno más joven (paraibatai – compañero).

El modo de luchar de los griegos se basaba esencialmente en el uso de unidades de hoplitas, soldados con espada, lanza y escudo que formaban apretadas filas para enfrentarse al enemigo. Los lazos que se creaban entre ellos contribuían en gran medida a mantener la cohesión del grupo. Y Górgidas creía que si esos lazos resultaban especialmente intensos las posibilidades de éxito aumentaban. Ningún hombre dejaría morir a su amado ni realizaría ningún acto que pudiera resultar vergonzoso a sus ojos (como huir o mostrar cobardía). Luchaban espalda contra espalda, sin rendirse nunca, porque rendirse significaba también la muerte del hombre al que amaban y de ese modo o sobrevivían ambos o morían ambos en la batalla.

Los miembros del Batallón eran escogidos entre los mejores, y formaban una élite que en tiempos de paz actuaba como guardia personal y en tiempos de guerra componía la vanguardia del ejército. Antes de entrar a formar parte de él juraban ante la tumba de Iolao, soldado tebano por quien Heracles había sentido una gran pasión, vencer o morir juntos en la batalla.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Queronea, en el 338 a. C., cuando debieron enfrentarse a las tropas de Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno, que pretendían invadir Grecia. Rodeados por las tropas de Alejandro, el Batallón Sagrado se defendió hasta la muerte y juntos cayeron, abrazados, en el campo de batalla.

Tras la victoria, Filipo II, que había pertenecido a ese Batallón en su juventud cuando fue llevado como rehén a Tebas, permitió que sus cuerpos fueran enterrados juntos y que los tebanos levantaran un monumento en su honor: el “León de Queronea”.
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